ENSAYO
NOVIEMBRE–DICIEMBRE, 2021
MENTIRA Y POSVERDAD
VOL. 5, NÚM. 6, PÁGS. 1–15

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Las Largas, Numerosas, Eficaces y Dañinas Patas de la Mentira
Mentira y Política en Dictadura y en Democracia en la Argentina
Lucas Martín y Camila Luna

Lucas Martín es profesor de la Universidad Nacional de Mar del Plata e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET). También es editor del libro Un pasado criminal. Sudáfrica y Argentina: argumentos y documentos para el debate.

Camila Luna es profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata y becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET).

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Existe un extendido acuerdo, una percepción generalizada, en torno de la definición de la mentira. En su formulación más breve: decir lo que no es con la intención de engañar. No se trata solamente de enunciar una falsedad sino, además, de pretender con ello el engaño. En efecto, existen varias formas de decir lo que no es —la ficción, la ironía, el error, etc.—, pero no en todas ellas hay pretensión de engaño. En cambio, podemos imaginar muchas maneras de engañar —desde las segundas intenciones hasta las astucias del marketing, desde el secreto hasta la hipocresía o las tergiversaciones intencionadas—, pero en todas ellas podemos encontrar una familiaridad con la mentira.

Llevado a la política, el asunto adquiere un mayor nivel de complejidad, en particular, en la dimensión colectiva que supone y, con ello, los recursos especiales que se vuelven necesarios para la eficacia de la mentira: simulación (esa mentira que se hace sin decir), coordinación en la acción, fidelidad u obediencia, recursos organizativos y de violencia. Hannah Arendt estableció una distinción entre la mentira tradicional y la mentira moderna. Mientras que la primera se asemeja a la mentira simple y consiste en ocultar una verdad particular al otro (al enemigo, al adversario, a los representados), la segunda ataca una verdad pública, conocida por todos, y no solamente por medio de una falsificación discursiva sino además por medio de la destrucción de dicha verdad y, para ello, requiere de organización, de la participación de gran parte de la sociedad y del autoengaño —que los propios mentirosos crean la falsedad que sostienen, que destruyan en sí mismos al testigo de la verdad—. En este segundo tipo de mentiras domina un componente ideológico: la lógica ideo-lógica organiza el mundo con absoluta independencia de la experiencia de la realidad.

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