SERMO
SEPTIEMBRE–OCTUBRE, 2020
EMPRENDIMIENTO
VOL. 4, NÚM. 5, PÁGS. 23–29
La Educación en Emprendimiento en la Educación Básica
El Caso Mexicano
Javier Damián Simón

Javier Damián Simón es profesor del Departamento de Ciencias Empresariales de la Universidad del Papaloapan. También es coeditor del libro Tejiendo redes para el conocimiento multidisciplinario en educación y emprendurismo.

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En los últimos años, el tema del emprendimiento ha estado en la mesa de discusión en la mayoría de los países del mundo, sobre todo por su aporte para enfrentar la problemática del desempleo o paro laboral mediante el autoempleo en los países en desarrollo 1. Es de allí que este tema se haya estado incorporando en las políticas educativas mediante lo que se conoce como la Educación Emprendedora o para el Emprendimiento (EE). Así, además de los cuatro pilares para la educación inicialmente planteados en el Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la UNESCO —“aprender a conocer”, “aprender a hacer”, “aprender a convivir” y “aprender a ser”—, se añadió un quinto pilar, denominado “aprender a emprender”, cuyo objetivo es impulsar en las nuevas generaciones el uso de la innovación y la iniciativa en la generación de propuestas que redunden en beneficios para la sociedad, y se ha comenzado a hablar sobre la incorporación de un sexto pilar, denominado “aprender a producir”, cuyo objetivo es impulsar en los individuos el desarrollo y la aplicación de múltiples capacidades que contribuyan en la disminución de la pobreza y el atraso2.

Los programas de emprendimiento han sufrido una serie de cambios en los últimos años. Al principio, su objetivo era promover emprendimientos de tipo lucrativo; es decir, se centraban en identificar oportunidades de negocios y desarrollar y poner en práctica dichas oportunidades mediante un emprendimiento real (negocio, microempresa, entre otros). Tiempo después, aparecieron críticos a este enfoque que argumentaban que los programas de emprendimiento lucrativo no consideraban el bienestar colectivo y que por lo tanto su alcance era limitado y egoísta. En consecuencia, surgieron los programas de emprendimiento social, que al final de cuentas no pareciesen ser más que una ilusión de la producción y el mercado no capitalista3, pues en {todo caso} dicho tipo de emprendimientos está supeditado a los mercados de oferta y demanda y su puesta en marcha depende a menudo de los programas de apoyo gubernamentales. Aunque se diga que el objetivo principal del emprendimiento social no sea la obtención de beneficios monetarios, que su prioridad son los principios sociales, éticos y medioambientales, no hay que obviar que ellos necesitan de esos beneficios para sobrevivir y desarrollarse. En México, sin embargo, el emprendimiento social no existe como tal, todavía, según algunos especialistas. La mayoría de los emprendimiento son emprendimientos comerciales o de tipo caritativo4.

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