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MANIFIESTO COLOMBIA

Manifiesto #23–239-316-386
Una táctica y una estrategia que pueden devolvernos la esperanza

Explicaré en seguida los tres nuevos números que aparecen en el título después del número del manifiesto (#23): 239-316-386. Confieso que no tenía ánimos de volver a publicar más manifiestos, pues ya llevaba tres semanas agobiado y silenciado por una profunda depresión, que aumentaba cada día por el diluvio de lamentables e inenarrables errores, deslices, contradicciones, desfachateces y sandeces que oímos tres o cuatro veces diarias de parte del subpresidente inepto, de su vicesubpresidenta lela y canciller paralela, de sus subministros serviles, de sus fiscales prevaricantes, de sus procuradoras descabelladas, de sus defensores indefensibles, de sus jefes únicos inconcebibles y de sus parlamentarios ensordecidos que parlan y parlan pero no escuchan. Pero los sucesos de Haití y las dos acusaciones de la JEP a los altos mandos militares del Catatumbo (por 120 casos de “falsos positivos”) y del Batallón la Popa en Valledupar (por 127 casos, ¡y faltan todavía seis mil!) me dieron tal náusea existencial, que no puedo evadir una creciente presión moral interna que no me permite callar.

Afortunadamente me encontré con una táctica altamente simbólica, sugerida por Pablo Felipe Robledo (El Espectador, 7 de julio de 2021) que me devolvió la esperanza: la “táctica de la cuenta regresiva”. Se trata de ir rebajando diariamente uno por uno esos tres números clave de mi título, 239-316-386, que se refieren a los días que faltan para las elecciones legislativas del 13 de marzo del año entrante (solo 239), a los que faltan para las elecciones presidenciales del 29 de mayo (solo 316), y a los que faltan para el esperado 7 de agosto de 2022 (que, afortunadamente para el país, son solo 386). Ese 7 de agosto será el feliz día en el que expirará el peor período del peor presidente que hemos tendido en nuestros peores 200 años de historia.

Esa sencilla pero altamente simbólica táctica de la cuenta regresiva nos puede devolver la esperanza a los ya casi totalmente desesperanzados jóvenes, adultos y ancianos de todos los géneros, etnias y culturas de este pobre país, del cual no podríamos soportar la terrible vergüenza que nos obligan a sentir por ser colombianos el gobierno, el ejército, la policía, el Esmad, los mercenarios asesinos y los perpetradores de falsos positivos, si no fuera también porque tantos jóvenes, líderes sociales, defensores de derechos humanos, promotores de la restitución de tierras, ecologistas y excombatientes han puesto en alto con sus vidas y con sus ojos el valor y el orgullo de ser colombianos. Por eso no podemos defraudar a nuestros muertos ni a nuestros tuertos, ni a nuestros detenidos ilegalmente, ni a los centenares de desaparecidos, así las “-ías” los clasifiquen solo como “personas en estado de búsqueda”.

Recomiendo de ahora en adelante que en una de las ventanas de cada apartamento, casa, almacén, fábrica u oficina del país pongamos un gran letrero con los tres números de los días que faltan para las contundentes elecciones legislativas del 23 de marzo, para las presidenciales del 29 de mayo y para la posesión del próximo presidente el 7 de agosto. El letrero con solo esos tres números 239-316-386 irá cambiando cada día en cuenta regresiva. Que salgan también esos tres esperanzadores números en grandes pancartas y pasacalles en cada una de las marchas que habrá que seguir haciendo cada semana del 20 de julio en adelante para recordar a nuestros héroes y para mantener la presión por el inicio de unas negociaciones auténticas, aunque sepamos que el gobierno no va a negociar, y si llegara a negociar tampoco va a cumplir.

No es de extrañar que en los medios como El Destiempo de Sarmiento o la revista Semana-Vanidades de Gilinski, medios que no llegan ni a cuartos, tal vez ya ni siquiera a octavos, no aparecieron ni las exiguas cifras de la encuesta de Datexco, ni el duro informe de la OIT que exigía las negociaciones con el Comité del Paro, ni el más duro de la Señora Bachelet de las Naciones Unidas —peor con nosotros que con Nicaragua y Venezuela— ni el texto preciso del severo informe de la CIDH, sino las refutaciones viles y serviles de peleles ignorantes del derecho internacional, comenzando por el subpresidente inepto a quien le quedó grande el puesto. Pero hay esperanzas, así sean tenues y todavía distantes si miramos esos 386 largos días que faltan de su mandato. Esos días que faltan nos dan tiempo para la nueva estrategia que resumo en tres puntos.

Primero, hay que reconocer con franqueza que la anterior estrategia de presionar al ejecutivo a negociar fracasó, y que en ese sentido el Paro fracasó porque el ejecutivo no negoció, y que la nueva estrategia del Comité del Paro de llevar las peticiones al legislativo también va a fracasar, porque antes de que llegara el Comité al Capitolio, los congresistas salieron corriendo a vacaciones, no sin antes tumbar la matrícula cero y el acuerdo de Escazú. Ahora que regresen el 20 de julio tampoco van a prestar atención, pues tienen que atender a sus campañas de reelección que peligran cada vez más.

Segundo, así nos insulten por desfachatados y nos pongan en la lista de objetivos militares y paramilitares para que busquemos asilo en el exterior, no nos queda sino la estrategia electoral insinuada ya por Nelson Alarcón y gran número de columnistas: aprovechemos la Constitución del 91 para planear, preparar y ejecutar una contundente barrida electoral en el senado y en la cámara y en todas las asambleas y concejos en las elecciones legislativas del 13 de marzo próximo y luego otra más contundente todavía en las elecciones presidenciales del 29 de mayo próximo. Tenemos 239 días para planear y lograr la primera barrida y 316 para la segunda. Hay que ir a cada sitio y rincón del país a recordarles a los electores con nombres propios el rechazo que dieron los actuales parlamentarios a la legislación sobre los temas del referendo contra la corrupción, la absolución de Molano, la emboscada a la matrícula cero y al acuerdo de Escazú, para que ni pagándoles cien mil y encimando lechona vayan a votar por ninguno de esos congresistas prevaricadores que deshonraron el honorable oficio de legislador, ni por ningún politiquero nuevo de sus partidos y movimientos.

Tercero, no intentar forzar alianzas y componendas entre el amplio y variado grupo —que podríamos llamar “el centro social-democrático moderado”— y el social-progresista de Petro, quien debe seguir radicalizando sus propuestas para sacar muchos votos para el senado y la cámara en las elecciones legislativas y asegurarse el paso a la segunda vuelta en las presidenciales. Más bien se trata de acentuar y perfilar las posiciones de estos dos grupos entre sí, hacia el futuro y contra el Extremo Centro Antidemocrático, de tal manera que cualquier candidato que diga Uribe ni siquiera pase a segunda vuelta.

Carlos Eduardo Vasco Uribe,
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