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MANIFIESTO COLOMBIA

Historias tristes hay muchas, ¡pero no todas! (Manifiesto #20)

Afortunadamente los jóvenes de hoy que salen a las marchas con tantas ilusiones y entusiasmo, a pesar de todas las amenazas, ojos y vidas perdidas, no saben nada de la historia, ni les importa. Mejor, porque así no se pueden desanimar por el fracaso total de la Primavera de París en mayo de 1968, ni por el todavía peor fracaso de la Primavera Árabe que tumbó al gobierno de Mubarak en Egipto en febrero de 2011 para elegir a Morsi, y terminó en la sangriento recuperación del poder por un contra-golpe y el fusilamiento de miles de opositores que cayeron en las garras de la inteligencia militar por sus trinos y memes en Twitter y Facebook.

Si nuestros jóvenes supieran esas historias, muy probablemente se desanimarían de seguir marchando, bailando, gritando y trinando sin cesar ya por seis semanas de nuestra eterna primavera de abril, mayo y junio. Siguen, —y ojalá sigan— en la calle a pesar de la amenaza del virus y de la falta total de garantías para la protesta pacífica, pues el subpresidente Duque ni siquiera ha firmado el pliego de garantías para la protesta acordado hace más de una semana con Archila y Restrepo, con el aval del representante de las Naciones Unidas y el de la Conferencia Episcopal.

De todas maneras, aunque Duque prometiera garantías, ya sabemos que no cumpliría nada de cualquier acuerdo, ni siquiera el de la Habana, ni menos todavía el de unos arrugados papeles ya acordados con sus propios no-negociadores, para no hablar del bloqueo sistemático que ha ejercido tercamente durante un año completo para no comenzar la negociación del Pliego de Emergencia.

Por eso es mejor que los mayores no les recordemos a nuestros jóvenes esas historias tristes de fracasos para que no se desanimen. Pero no todas han fracasado, y por eso sí quiero contarles hoy a todos los jóvenes unas historias de los años 50 que parecen increíbles, pero que tienen paralelos más increíbles todavía con los acontecimientos actuales, para que ojalá los animen a no cesar en sus justas protestas.

Volvamos a la presidencia de Laureano Gómez, elegido para el período 1950-54 con abstención total del partido liberal. Laureano, por enfermedad cardíaca recurrente, encargó como subpresidente a Roberto Urdaneta Arbeláez, aunque siguió mandando en la sombra en ese sombrío período en el que se agudizaron las matanzas de liberales de la ya vieja violencia laureanista que había empezado en 1946. Me excuso por un ligero error técnico, pero es que en ese entonces no se había inventado la palabra “subpresidente”; se decía “primer designado”, porque en ese tiempo tampoco había Vicepresidenta.

Conversaciones de paz fallidas con las guerrillas liberales; descontento estudiantil por la conservatización de la Universidad Nacional y el cierre de la Escuela Normal Superior; desfiles sindicales masivos y desafiantes el primero de mayo del 51 del 52; la quema por las turbas conservadoras de El Tiempo y El Espectador y de las casas de Carlos y Alberto Lleras, que se exiliaron en México; el asesinato del negociador de la guerrilla Saúl Fajardo el 2 de diciembre de 1952 en Bogotá; captura ilegal y tortura por parte de la inteligencia militar de un joven empresario antioqueño, Felipe Echavarría Olózaga; intento de Laureano Gómez de destituir al comandante de las fuerzas armadas, el general Rojas Pinilla; cambio del Ministro de Defensa —entonces y ahora de Guerra— Lucio Pabón por Jorge Leyva. Presión creciente de la opinión pública, de todos los grupos del liberalismo y del conservatismo ospinista, de los sindicalistas y los estudiantes, con el apoyo de la Iglesia.

Eso ya hace setenta años: todo parecido de ese tiempo con la realidad actual es pura coincidencia.

Esta presión creciente animó a Rojas Pinilla a exigirle a Laureano Gómez que renunciara otra vez, para que asumiera su primer designado Urdaneta, a quien había destituido esa misma mañana del 13 de junio de 1953. Al negarse Urdaneta a esa ignominia, renunció Laureano, y Rojas Pinilla se posesionó por radio a las diez y media de la noche, dando así el único golpe militar del continente en donde no hubo que derramar ni una gota de sangre. “Laureano mismo se dio el golpe”, dijo Rojas Pinilla.

¿Será que el próximo 13 de junio de 2021 habrá de pronto algún subpresidente inepto, que, al sentirse abrumado por los pronunciamientos de la CIDH y todas las ONG’s de Derechos Humanos, renuncie al cargo que le quedó grande en favor de su primera designada para evitar más derramamiento de sangre?

Si así lo hiciéreis, Dios y la Patria os lo agradecerán; si no, que El, Ella, nosotres, vosotres y elles os lo demanden.

Carlos Eduardo Vasco Uribe CC 2890602

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