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ensayo
JULIO–AGOSTO, 2017
La Innovación Social
¿Un Factor de Transformación?
Juan-Luis Klein

En este ensayo se retoman algunos apartados de la introducción del libro L'innovation sociale, dirigido por Klein, J.-L., Laville, J.-L. y Moulaert, F. (2014).

Juan-Luis Klein es profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Quebec en Montreal y director del Centro de Investigación sobre las Innovaciones Sociales (Centre de recherche sur les innovations sociales —CRISES—).

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En los últimos años, numerosos trabajos —científicos, normativos y periodísticos— han estado promoviendo con intensidad la innovación social, argumentando a favor de la capacidad de esta para dar respuestas a los problemas urgentes que enfrentan nuestras sociedades. Hasta hace algunos años, pocos autores y grupos de investigación trabajaban sobre este tema, y quienes lo hacían lo hacían más bien en la sombra. El tema no provocaba pasiones ni en los medios académicos ni en las instancias gubernamentales. Nadie habría podido presagiar el revuelo desatado hoy en día en torno a la innovación social. ¿Cómo explicar la súbita atracción por dicho tema? La explicación se encuentra en la crisis económica y social que afecta al sistema capitalista, que se prolonga y que no obtiene soluciones eficaces en el marco institucional vigente.

Este texto busca abordar la innovación social en un sentido reflexivo y de análisis que vaya más allá de discursos laudatorios o anecdóticos, que dan de la innovación social una imagen limitada, que incluso llega a ser caricatural. Lo que acá se plantea es un enfoque que considera que la innovación social no se limita ni a una receta ni a una lista de “buenas prácticas” que puedan ser usadas para generar ciertas mejoras en la situación de colectividades desfavorecidas. En nuestro enfoque la innovación social se refiere a la capacidad de iniciativa de la sociedad civil, la cual se construye a través de interrelaciones sociales y de acciones colectivas. La replicación de experiencias exitosas no es suficiente para la consolidación de una tal capacidad de iniciativa. Además de ello, hay que introducir cambios en los contextos sociales, económicos y políticos en los que los actores sociales se encuentran insertos.

Nuestro análisis de la innovación social se inspira de experimentos sociales que han respondido a la incapacidad de las instituciones que hasta hace poco habían marcado el progreso de la sociedad occidental para proporcionar una solución duradera y sostenible a los problemas de la sociedad. Las iniciativas innovadoras con las que la sociedad civil busca superar la incapacidad de dichas instituciones exigen nuevos compromisos sociales que sean susceptibles de desembocar en nuevos modos de regulación y de gobernanza, es decir, en una transformación social. Esta es la orientación que le damos a la innovación social.

La necesidad imperativa de la innovación social

Expertos de diferentes ámbitos, que actúan en diversos campos, invocan la innovación como una vía para salir de la crisis en la que la sociedad occidental se ha empantanado a partir de las últimas décadas del siglo XX. Esta crisis fue revelada y ampliada por la crisis financiera que comenzó en el año 2008, pero cuyas raíces datan de mucho antes de esta fecha y cuya amplitud desborda el ámbito financiero.

La innovación social es un concepto amplio, que va más allá de la afirmación según la cual toda innovación tiene una dimensión social. En conformidad con esta afirmación, que por lo demás es totalmente cierta, la innovación incluye, por ejemplo, a todos aquellos cambios en la organización del trabajo o de las empresas que estén destinados a mejorar la eficiencia de los sistemas productivos para así hacerlos más competitivos y más rentables desde el punto de vista económico. Este enfoque podría llegar hasta incluir a la susodicha cuarta revolución industrial, la cual tiende a remplazar al trabajador humano por la inteligencia artificial tanto en la fabricación como en la administración.

Diversos estudios han demostrado que esta visión de la innovación, aún incluyendo a lo social, es insuficiente para generar una sociedad dinámica y creativa, ni siquiera en el mundo empresarial. El dinamismo y la creatividad son más bien la marca de sociedades donde la colectividad en su conjunto participa en los procesos innovadores1. En este tipo de sociedades, las empresas, las instancias públicas y semipúblicas, las instituciones de alto conocimiento y las organizaciones sociales convergen en ecosistemas que generan innovaciones tecnológicas combinadas con innovaciones sociales que contribuyen tanto al mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos como al impulso de la actividad económica.

El debate sobre la innovación social es relevante y actual. Ello se debe a los impactos negativos que han tenido las políticas económicas implementadas en las últimas décadas en América del Norte, en Europa y en varios países latinoamericanos. Tales políticas, inspiradas en gran parte en principios neoliberales, buscan generar crecimiento económico socavando logros sociales, ampliándose así la brecha entre las necesidades sociales, especialmente de las comunidades debilitadas por los cambios en los modos de regulación económica, y la posibilidad de satisfacerlas a través de los marcos institucionales existentes.

Los cambios observados en el sistema mundial han dado lugar a un modelo de crecimiento basado en redes de poder de influencia mutua, controladas de manera interdependiente por centros financieros y productivos2. En este modelo, los Estados siguen siendo importantes, pero son cada vez menos soberanos. Su función se limita, en la mayoría de los casos, a poner en práctica su propia desposesión3. Ciertamente, los gobiernos conservan un lugar prioritario en la estructuración de las regulaciones sociales y en la gobernanza, pero pierden gradualmente su capacidad de representar a la ciudadanía de manera efectiva en sus aspiraciones y, especialmente, de responder de manera adecuada a sus necesidades sociales.

Hegemónico a nivel mundial desde la década de los 80, este modelo de crecimiento conduce al debilitamiento de los medios de protección ciudadana inherentes al Estado social4. Dicho modelo, caracterizado por la movilidad tanto del capital como del trabajo, eleva al mercado al estatus de principal mecanismo regulador de la relación entre la economía y la sociedad y somete a sus dictámenes las principales instancias de toma de decisiones, a todos los niveles y escalas. Impulsados por los grandes poderes económicos —principales grupos financieros, grandes empresas, instituciones representativas de los principales grupos internacionales—, los Estados se inscriben así en un proceso que en última instancia hace imposible el ejercicio de la soberanía, y por lo tanto de la democracia, lo que invalida, por lo menos en lo que respecta a diversas categorías sociales, el concepto mismo de ciudadanía5.

Las grandes transformaciones a las que las sociedades han sido sometidas en las últimas décadas han incrementado sus problemas sociales y debilitado los medios que ellas se habían dado para resolverlos. La flexibilidad y movilidad que reina en los actuales sistemas productivos y el aumento de la competencia económica han generado formas acentuadas de precariedad en el plano social y territorial. Dicha intensificación es consecuencia de la cada vez más reducida capacidad de los gobiernos para responder a los problemas sociales. La precariedad ha traído consigo nuevas fracturas sociales y territoriales, el debilitamiento de la cohesión social y la erosión de los derechos ciudadanos. La crisis de 2008 muestra las aberraciones de este modelo de desarrollo. Definida como financiera en sus inicios, esta crisis se ha extendido a lo social, lo político y lo geopolítico. Su arribo intempestivo ha precipitado el cuestionamiento de los logros ciudadanos y, por extensión, la interpelación a los movimientos sociales.

Sin embargo, la crisis del modelo neoliberal deja ver no solo lo que se destruye, sino también lo que se crea; en particular, lo que está siendo construido por aquellos actores sociales que buscan soluciones a los principales problemas de sus comunidades y que experimentan nuevas formas de responder a las crecientes necesidades6. En repetidas ocasiones, por ejemplo, la economía social —en su expresión social, solidaria o popular7— ha emergido como una respuesta a la crisis8. Este y otros experimentos han dado lugar a verdaderas invenciones sociales9 que pueden servir de cimiento para un modelo de desarrollo más democrático y participativo, pero que también pueden fortalecer el capitalismo en su modelo actual.

Innovación y desarrollo: la visión schumpeteriana de la innovación

Hay que precisar que las obras pioneras y clásicas del análisis de la sociedad no daban cabida al concepto de innovación, y aún menos al de innovación social. Esta ausencia de interés tal vez pudiera explicarse por la concepción unilineal que los autores clásicos tuvieron de las grandes transformaciones de la sociedad. Autores como Marx o Durkheim se inspiraban de una concepción del mundo inscrita en un paradigma en el que el progreso y la modernización de las prácticas sociales constituyen el principal motor del curso de la historia de las sociedades, un curso que además es visto como irreversible. La óptica de la innovación social requiere un cambio de paradigma10, en el cual se observe tanto lo que se destruye como lo que se construye11. En este planteamiento resulta útil recurrir al concepto de “destrucción creativa” de Schumpeter12.

La principal contribución de Schumpeter al análisis de la innovación es su concepción del empresario innovador. Para este autor, el empresario no es un inventor, sino el que introduce el hallazgo del inventor en el sistema productivo; es decir, el empresario es quien difunde la invención13. Según Schumpeter14, la sociedad económica está dirigida por decisiones humanas —de los empresarios— y no por ideologías o clases sociales abstractas. Es en este ámbito en el que el enfoque de Schumpeter se distingue de las perspectivas deterministas y macro-sociales de Marx o Durkheim. Así, la innovación es una respuesta creativa a los obstáculos, entre los cuales está la dificultad de difundir lo nuevo15. Respecto a esta observación, Schumpeter habría dicho: “No es suficiente producir un jabón satisfactorio, también hay que impulsar a la gente a lavarse”. En la actualidad, esta metáfora sigue siendo válida e indica que la innovación tiene una dimensión cultural.

Al abordar la diferencia entre la invención y la innovación, Schumpeter esboza una primera aproximación a la innovación social. Para él, la difusión y la apropiación de la invención se producen a través de procesos sociales. Hay que notar, sin embargo, que los procesos sociales a los que él se refiere están relacionados solo con la adopción de cambios técnicos y que su alcance se limita a la esfera empresarial. Vista de esta manera, la innovación social supone la combinación de la invención técnica y de la capacidad organizacional y económica necesaria para ponerla en práctica. Esta visión es retomada parcialmente en los años 60 y 70 por el economista François Perroux, quien asocia la innovación con el desarrollo. Perroux afirma16 que la innovación no aparece en todas partes ni al mismo tiempo. Ella aparece en lugares donde pueda provocar cambios tanto en las formas como en las normas de producción y consumo, a partir de los cuales el efecto de la innovación tiende a difundirse. La innovación tiene un efecto transformador en la medida en que los actores económicos y sociales se inserten en su proceso de difusión y generen y prolonguen una dinámica que se propaga a través de sectores productivos o de servicios. De esta manera el progreso y la técnica se combinan generando así los cambios culturales que permiten la modernización de las estructuras sociales.

La definición de la innovación social a partir de lo social17

En la década de los 80, acontece un cambio teórico. En esta década, comienzan a aparecer trabajos sobre el tema de la innovación social que salen de los senderos trazados por la visión schumpeteriana. Estos trabajos tuvieron como objetivo comprender cómo los procesos de innovación pueden producir cambios a escalas macro-, meso- y micro-sociales.

Los primeros ensayos de conceptualización

Las primeras tentativas de abordar de manera explícita la innovación social pusieron el foco en las nuevas experiencias sociales formales o informales marcadas por un carácter social18.

Fue así que en la reflexión sobre la innovación se introdujo el concepto de “innovación social”, un concepto que tiene que ver con la búsqueda de respuestas a un problema o a una aspiración social. Es importante destacar que tales respuestas se construyen localmente. El marco local emerge como la escala apropiada para el surgimiento de la innovación social. Esto se debe a que las experiencias sociales son específicas, ya que ellas dependen de las dinámicas institucionales y organizacionales de los diferentes territorios, los cuales presentan especificidades sociales que hacen de ellos colectividades únicas. Sobre este punto, lo interesante es cómo los actores sociales movilizan recursos con el fin de modificar la escena institucional de la sociedad en la que actúan (nuevas reglas, nuevas normas) para poder impulsar nuevas formas de acción en un contexto donde la proposición de cambio crea conflictos y despierta reacciones opuestas a la innovación. La difusión de la innovación se despliega a través de tensiones entre la organización innovadora y un entorno que le es hostil. El reto radica en hacer reconocer la pertinencia y la validez de la innovación.

Dos perspectivas: filantrópica y transformacionista

Si bien es cierto que la mayoría de los que trabajan sobre este tema están de acuerdo en que la innovación social corresponde a nuevas respuestas a necesidades sociales que han quedado sin solución por parte de las instancias institucionales y organizacionales vigentes, no todos comparten el mismo análisis de los procesos que la generan ni de sus efectos. Sobre este desacuerdo se pueden distinguir dos grandes perspectivas: una altruista y filantrópica y otra transformacionista y democrática19. Aunque, en muchos sentidos, estas dos perspectivas son complementarias20, ellas se refieren a dos tipos específicos de acción susceptibles de tener efectos sociales diferentes.

La perspectiva altruista atañe en gran medida a acciones puntuales destinadas a mejorar las condiciones de vida de grupos desfavorecidos. Esta perspectiva concierne en particular a las asociaciones arraigadas en la sociedad civil, sobre todo el tercer sector —formado por asociaciones no lucrativas y no gubernamentales—, y al papel que estas juegan en la producción de servicios adecuados para resolver los problemas de los ciudadanos más desposeídos. Geoff Mulgan, uno de los líderes de esta perspectiva, ve las innovaciones sociales como ideas nuevas que logran satisfacer las necesidades sociales (new ideas that work in meeting social goals). Esta visión de la innovación social, difundida por la Young Foundation21, ha tenido mucha influencia en la concepción de la innovación social que se tiene en el mundo anglosajón. En ella, la sociedad civil es una fuente de voluntariado, de emprendimientos sociales y de iniciativas capaces de mejorar las condiciones de vida de personas carentes de recursos.

Para los que suscriben esta perspectiva altruista, la implementación de las innovaciones sociales debe apoyarse primordialmente en el capital social —el grado de colaboración social de las personas y comunidades afectadas por problemas de desvitalización o de pobreza— y en las organizaciones que estas personas y comunidades puedan crear o movilizar. El énfasis de esta perspectiva en recurrir al capital social y a diversas formas de voluntariado ha provocado críticas debido al efecto limitativo que esto puede tener sobre la inclusión de los excluidos, el servicio a los pobres o la búsqueda de verdaderas respuestas a comunidades económicamente debilitadas2223. Las estrategias basadas exclusivamente en el capital social o en la capacidad ciudadana para implementar proyectos de desarrollo, se alega, imponen un fardo adicional para comunidades ya suficientemente penalizadas por la desvitalización. Para muchos, tales estrategias favorecen la privatización de la acción pública y eximen al Estado de su responsabilidad como principal garante del desarrollo social.

La perspectiva transformacionista, es decir, la nuestra, también valora el capital social, pero lo hace de un modo diferente. En esta perspectiva, el capital social permite, a diferencia de lo que ocurre en la perspectiva altruista, la construcción de puentes entre diferentes redes, el reconocimiento de la legitimidad de los actores sociales en tanto que actores económicos, así como la reconstrucción de vínculos sociales.

En esta perspectiva, la innovación social va más allá de la acción focalizada y orientada hacia el individuo, y tiene un efecto sobre la transformación social en diversos campos. En el campo de la producción, por ejemplo, la innovación social se refiere a las nuevas relaciones que puedan ser erigidas entre empresas, dirigentes y trabajadores, así como entre los establecimientos productivos y las comunidades en las cuales estos operan. En cuanto a los actores sociales, la innovación social se refiere a las gestiones que ellos hacen para replantear las problemáticas sociales desde una perspectiva diferente y para encontrar nuevas soluciones en el seno de la comunidad. En cuanto a la gobernanza de las organizaciones en territorios específicos, la innovación social tiene que ver, por ejemplo, con todo lo que estas organizaciones hacen para garantizar el aprendizaje colectivo y la acumulación de capital cognitivo necesario para el cambio24.

En el marco de esta perspectiva, las innovaciones sociales corresponden a nuevos arreglos sociales, organizacionales e institucionales o a nuevos productos y servicios creados con una finalidad social explícita, como consecuencia de acciones voluntarias o involuntarias iniciadas por una o más personas para responder a una aspiración, satisfacer una necesidad, solucionar un problema o aprovechar una ocasión para modificar relaciones sociales, transformar marcos de acción o plantear nuevas orientaciones culturales25.

Bajo esta concepción, las innovaciones sociales son procesos entrelazados entre sí en un contexto de trasformación social. La innovación social exige, por lo tanto, la acción colectiva de los actores involucrados26.

La innovación social y la transformación institucional

Lo hemos visto, las innovaciones sociales no son procesos colaterales a la difusión de la tecnología27. Ellas emergen como acciones dirigidas a corregir el desajuste existente entre las prácticas económicas y sociales definidas por las estructuras de poder y las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía28. Como tal, ellas surgen en contraposición al marco institucional vigente.

La rapidez y el éxito de la difusión de las innovaciones sociales dependen del sector de actividad donde estas son desplegadas y del dinamismo de los actores sociales que las impulsan. Al principio, las instituciones pueden mostrarse contrarias a la aceptación y difusión de tales innovaciones. La fuerza de los actores sociales puede, sin embargo, inducir cambios en las instituciones, las cuales pueden convertirse en un potente difusor de las innovaciones a toda la sociedad.

El entorno institucional con el que se enfrenta la innovación social no constituye una estructura única e isomorfa. Por cierto, las reglas institucionales han de ser compatibles, lo que garantiza la coherencia entre las grandes estructuras económicas y sociales, el marco institucional y la gobernanza29 y lo que facilita la estabilidad y la reproduccion del sistema, pero no son uniformes. Para comprender el proceso de innovación es necesario entender el entorno institucional como un conjunto compuesto de sistemas y de subsistemas de instituciones que pueden incluso divergir, y que tienen una permeabilidad diferente a la apropiación de prácticas innovadoras.

Es en este contexto que las “invenciones sociales” son experimentadas y exploradas30. Los actores se confrontan entre ellos y a sus estructuras. El confrontamiento produce tensiones, debates y, finalmente, compromisos. Los compromisos dan origen a nuevas prácticas; y las nuevas prácticas, a nuevas instituciones.

La institución y la organización son conceptos claves para entender la innovación social y sus efectos. La institución refleja las relaciones de dominación, las desigualdades entre los grupos sociales y las relaciones entre los poderes públicos y los actores sociales. La organización, por su parte, concretiza las reglas institucionales vigentes. Ella implementa tanto las racionalidades de eficiencia y las técnicas dominantes como los valores y mitos que las legitiman.

La coacción institucional y las posibilidades de apropiación

La institución se presenta de diversas formas31. En primer lugar, la institución es un sistema regulador. Toda institución comprende un conjunto de reglas que codifican las relaciones sociales y que determinan la acción de los actores. Estas reglas estabilizan las relaciones entre los actores y proporcionan puntos de referencia para la acción más allá de los límites de las organizaciones y grupos a los que pertenecen los individuos. En segundo lugar, la institución es un sistema normativo, basado en compromisos sociales que se traducen en obligaciones interiorizadas por los actores. En tercer lugar, la institución es un sistema cognitivo que revela la realidad social a partir de conceptualizaciones y de nociones que suscitan la adhesión de los actores sociales. Este punto es esencial, aunque poco analizado, porque es el marco cognitivo dominante el que establece lo que es correcto y lo que no lo es, y el que hace que las alternativas sean vistas como proposiciones aceptables o inaceptables3233.

El entorno institucional en el que las innovaciones sociales toman forma se impone como un conjunto de reglas que puede restringir (path dependency) o fomentar (path building) la innovación34. En el entorno institucional en el que los actores sociales trabajan se pueden distinguir cinco niveles de jerarquía que exhiben diferentes grados de solides institucional35. El grado de solides institucional determina la fuerza con la que las reglas influyen en la praxis social y, a su vez, el grado de dificultad que una organización innovadora confrontará en su intento de transformar dicha praxis. Mientras más sólidamente estén incrustadas estas reglas en los sistemas institucionales, más fuerte será su influencia en la praxis social y más difíciles serán de transformar por las organizaciones innovadoras, lo que evidentemente plantea los límites de la innovación social en tanto que proceso transformador.

La adopción y la difusión de las innovaciones

La aparición de una innovación genera un proceso de negociación, de resistencia o de acomodación. En este proceso se produce una confrontación entre los que se resisten a la innovación y los que la generan. Los diferentes actores intercambian, debaten, luchan, aceptan, rechazan o adoptan las nuevas prácticas.

La difusión de la innovación es posible porque la sociedad no es homogénea. La sociedad está estructurada en sub-arreglos sociales que ofrecen diferentes grados de confrontación. La adopción de la innovación por al menos uno de estos sub-arreglos induce cambios sociales.

La acumulación y la combinación de los cambios sociales, los cuales incluyen la estructura organizativa y social de las comunidades que habitan el territorio, así como la capacidad de ponerse en sintonía con las innovaciones difundidas a través de los sectores productivos o de servicios, constituyen las condiciones propicias para un cambio de escala y de registro en el proceso de transformación social. Del ámbito local se pasa al ámbito regional o nacional. Y de la esfera de lo social, se pasa a la esfera de lo político y lo ideológico3637.

Las innovaciones sociales y el entorno institucional

Las innovaciones sociales transforman el entorno institucional. La transformación ocurre a través de cambios progresivos que nacen en las organizaciones, especialmente en las organizaciones de la sociedad civil. Los actores adoptan nuevas prácticas que reforman sus organizaciones y rompen con los acuerdos institucionales. La acción colectiva de estos actores, nacida de la cotidianidad de las organizaciones, puede dar lugar a cambios importantes cuando su efecto penetra en los niveles más sólidos del entorno institucional.

Las innovaciones sociales pueden ser radicales, cuando se trata de rupturas importantes con las prácticas institucionales existentes, o incrementales, cuando se trata de adaptaciones inscritas en senderos institucionales ya establecidos. Las innovaciones incrementales suelen ser menos espectaculares que las innovaciones radicales, pero su efecto puede ser igual de importante en la transformación social.

Las innovaciones sociales: tipos y efectos
Innovaciones sociales Efecto
Institucional Organizacional
Radicales Nuevos senderos institucionales (path building): reglas y valores, arreglos sociales, sistemas cognitivos. Nuevas modalidades de gestión, de división del trabajo y de gobernanza.
Incrementales Inflexiones en los senderos institucionales. Eficacia y eficiencia en las formas organizacionales existentes.
Fuente: concepción del autor.

Hacia sistemas de innovación social

El proceso de innovación es con certeza tecnológico y social. Se expresa en las esferas económicas y políticas y tiene un fuerte significado cultural.

El proceso de innovación pone de relieve las capacidades sociales, técnicas, económicas, políticas y culturales de las organizaciones y de los actores sociales involucrados. Los tipos de relaciones que se establecen entre estos actores favorecen o desfavorecen el avance de las innovaciones. Estas relaciones pueden, además, cambiar sus características y su impacto a nivel geográfico (local, regional, nacional e incluso internacional). Puede decirse, por lo tanto, que el sistema de innovación es un conjunto de subsistemas jerarquizado.

La visión de la innovación social que aquí se favorece se cimienta en las invenciones sociales, así como en la difusión de las nuevas prácticas que surgen de estas. En esta perspectiva, la innovación social no aporta en sí misma una función positiva al progreso social. En esencia, ella es solo un instrumento para la transformación. El efecto positivo o negativo de la innovación social depende del uso que los actores hagan de ella y de cómo los diferentes grupos sociales la experimentan.

Una vista general de la innovación social

La innovación social aporta una respuesta a una necesidad o a una aspiración ciudadana. La acción socialmente innovadora está ligada al actor social que busca esa respuesta, que la experimenta y que, al así hacerlo, modifica sus vínculos con otras organizaciones y con otros tipos de actores (campos de intervención, productores de conocimiento, organismos intermedios, agencias gubernamentales). De este modo se construyen los entornos donde la invención y lo nuevo pueden surgir con mayor facilidad y donde el proceso que conduce a su difusión e institucionalización se acelera.

La acción socialmente innovadora está enmarcada por un contexto institucional que puede serle favorable o desfavorable, que actúa a veces como un estímulo y a veces como un obstáculo, y a menudo como los dos, cuando varios subconjuntos institucionales estructurados de manera diferente actúan de forma concurrente.

La innovación social comprende un proceso marcado por la invención, la difusión, la apropiación y la institucionalización, el cual, mediante la modificación de códigos y normas, de dispositivos institucionales y de marcos conceptuales, actúa como una fuerza de transformación social38. Este proceso no es lineal ni unidireccional, como se podría creer, sino que evoluciona de manera ciclónica (whirlwind model39), con avances y retrocesos, a través de conflictos y de compromisos, y, a causa de ello, su efecto es imprevisible40. Y tampoco es automático. La sociedad, como dice Polanyi41, puede ser vista como un conjunto dinámico de procesos sociales en continua transformación42.

Los experimentos sociales se expresan en todas las áreas y crean condiciones que favorecen el desarrollo de nuevas políticas y nuevos marcos de acción. Cuando estos experimentos son implementados por organizaciones preocupadas por el bien común y la equidad social, más que por el lucro individual y la concurrencia, ellos pueden conducir a una sociedad más democrática y participativa. La crisis social provocada por la ineficacia social (e incluso económica) del modelo neoliberal dominante es sin duda desestructurante, pero también constituye una oportunidad para innovar y para construir una opción multiescalar y plural que instituya las bases de un nuevo modelo de desarrollo. Este modelo debe emerger del compromiso entre diferentes grupos de interés, pero por sobre todo debe hacer predominar el interés ciudadano. La dimensión multiescalar de un modelo como el que se esboza es fundamental. Este nuevo modelo debe ser coherente con las nuevas configuraciones sociales causadas por la globalización, pero también debe proporcionar a los ciudadanos suficiente reconocimiento y una capacidad real para ejercer sus derechos y sus responsabilidades.

Es importante reafirmar el rol central de la acción colectiva en la construcción de un nuevo modelo de sociedad43. De estas acciones colectivas surgen las invenciones susceptibles de convertirse en innovaciones sociales en diversos dominios, como la gobernanza, las finanzas, el medio ambiente, la lucha contra la pobreza, la cultura, la inclusión. Estas innovaciones constituyen los eslabones de una estrategia global, a la vez política, económica, social y medioambiental, que debe orientarse tanto hacia el Estado y al capital como hacia los actores de la sociedad civil. Si no, el sistema capitalista podría absorber estas respuestas para aumentar su propia eficiencia44.

La insistencia en la creatividad de los actores sociales en sus bases u organizaciones no debe hacer olvidar la importancia y las responsabilidades del Estado y de las instancias macro-sociales tanto en lo social como en lo económico. Esta advertencia es necesaria para evitar que las soluciones a la crisis forjadas por las innovaciones sociales se vuelvan en contra de aquellos que las generan.

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