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entrevista
JULIO–AGOSTO, 2017
La Universidad y la Innovación Social
Una charla con Germán Mejía

Esta entrevista fue realizada por Javier Toro.

Germán Mejía es decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana.

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¿Qué puede entenderse por innovación social?

Yo diría, y con certeza, que en la Pontificia Universidad Javeriana no hay una fórmula única ni una definición institucional. Y yo creo que esto es algo positivo, porque, por ejemplo, la Facultad de Economía, la Facultad de Ingeniería o el Vicerrectorado pueden tener ideas diferentes de cómo vincularse con la comunidad. Yo creo que el rasgo más importante en nuestra universidad es la capacidad de ser flexibles alrededor de esta concepción, porque eso le permite a la Universidad responder a las necesidades de la comunidad desde lo que es propio y particular de cada una de sus áreas.

¿Puede decirse que para la Universidad es un concepto relacionado con la creación de vínculos para resolver necesidades?

Una particularidad de nuestra universidad es su compromiso social. En este sentido, la Universidad tiene como misión establecer vínculos reales con las diversas comunidades del país —urbanas, rurales, indígenas, afrocolombianas—. En el plano innovador, pienso que la Universidad entiende la innovación como la capacidad de adecuar nuestra actuación a las necesidades de la comunidad y de ser proactivos.

¿En estos vínculos, solo la Universidad es quien propone las soluciones o pueden las comunidades también proponer las suyas?

Yo creo que funciona en los dos sentidos. Voy a poner dos ejemplos. La Facultad de Ingeniería tiene el Proyecto Social Universitario (PSU), un programa muy importante. En este programa la Universidad toma la iniciativa y ofrece, con la participación de sus ingenieros y arquitectos, soluciones a necesidades de las comunidades. En nuestra facultad, la Facultad de Ciencia Sociales, la interacción con las comunidades es mucho más horizontal. El punto de partida de la interacción es distinto. Nosotros primero concertamos con la comunidad qué es lo que se va a hacer y establecemos los términos de la relación. Y es a partir de allí que comenzamos a trabajar. De esta manera hemos realizado, por iniciativa de la comunidad, proyectos en, por ejemplo, economía solidaria y turismo ecológico. Ambos enfoques están presentes en la Universidad: el de “arriba hacia abajo” y el de “abajo hacia arriba”. El enfoque aplicado depende de las característica propias del área en la que se trabaja con la comunidad. Para un ingeniero civil, por ejemplo, es más difícil pensar en un enfoque de “abajo hacia arriba”, porque en estas áreas hay problemas técnicos que indudablemente la comunidad no maneja, aunque pueden existir, por ejemplo, planes de vivienda hechos con la comunidad. Hay que cuidarse de asumir que todo lo que sea de “abajo hacia arriba” es por defecto lo correcto. Lo mejor es lo concertado.

A veces pareciese que la gente está cada vez menos segura de que los expertos realmente tengan la respuesta a sus problemas. ¿La Universidad ha experimentado algo de esto?

Si después de tantos años las soluciones técnicas puestas en práctica por los organismos internacionales no han producido resultados apreciables, no es extraño que entre la gente se genere un malestar de fondo general ni tampoco que la reacción de la gente no siempre sea la mejor, aunque explicable.

¿La comunidad siempre ha confiado en la experticia de la Universidad?

No te sabría responder en todos los casos. Pero sé que la Universidad es cada vez más cuidadosa en concertar con la comunidad lo que se quiere hacer. No porque no se tenga la experticia, sino por el riesgo de que la Universidad sea percibida como el genio que va y le dice al mundo cómo salvarse. Lo importante es el dialogo.

¿Hasta qué punto puede la comunidad producir y poner en práctica soluciones a sus propios problemas?

Yo creo que mucho más de lo que nos imaginamos. Y eso nos lleva a preguntarnos cuál es nuestro papel para con la comunidad. ¿En qué puedo yo ayudar? Y en esto no se puede pasar de una postura extrema donde la Universidad es quien todo lo sabe y quien dice qué es lo que hay que hacer a otra donde solo se toma en cuenta lo que la comunidad dice. Yo creo la mejor ayuda que la Universidad puede prestar es la que se concierta, tomando en cuenta los saberes de la Universidad y lo que la comunidad tiene que decir sobre sus necesidades. Y creo que la tendencia hoy en la Universidad es hacia la negociación respetuosa con las comunidades. Y es sobre la base de ese respeto que se construyen las propuestas y los planes de acción.

¿Cuáles son los tipos de vínculos que la Universidad establece con la comunidad?

Los vínculos se han dado en varias formas. El programa Misión País Colombia, por ejemplo, tiene dos grandes objetivos: por un lado, ofrecer a los estudiantes de la Universidad oportunidades de formación con la comunidad y, por el otro, trabajar con la comunidad. En este programa se atienden necesidades de las comunidades y al mismo tiempo, como elemento innovador, se forma al estudiante. Algo similar sucede con las prácticas sociales promovidas por la Universidad junto con la Compañía de Jesús. En este programa los estudiantes se vinculan con la comunidad, a diferencia de como ocurre en una práctica profesional, donde la vinculación es con una empresa. A este programa acuden no solo estudiantes de ciencias sociales y humanidades, sino también de arquitectura e ingeniería, lo cual es interesante. En estos programas los coordinadores han concertado con anticipación con la comunidad qué es lo que se va a hacer. Los estudiantes solo van y se incorporan a los planes ya establecidos. También está, por ejemplo, el programa Vidas Móviles. Este es un programa un poco más asistencial. En él se aprovechan las capacidades que tiene la Universidad para solucionar problemas de agua, energía, vías, vivienda, saneamiento, salud. Yo supongo que debe haber una cierta concertación con la comunidad, porque la asistencia es brindada ya sea porque la comunidad les ha dicho que esa es la necesidad o porque ellos le han hecho ver a la comunidad que esa es la necesidad. No estoy diciendo que el programa sea cien por ciento asistencial, pero tiene un componente asistencial que yo creo que la comunidad de todas maneras necesita. La Universidad también tiene la Oficina para el Fomento de la Responsabilidad Social Universitaria (OFRSU), que está muy ligada con las obras de la Compañía de Jesús, aunque no todo es necesariamente canalizado por esta vía. Esta oficina financia diferentes acciones en diferentes partes del país, y para ello exige que la comunidad haya concertado con el investigador o los investigadores involucrados lo que ellos van a hacer. La otra modalidad es la nuestra, que se centra en la formación de comunidades vulnerables. Nosotros tenemos lo que llamamos Escuelas de Formación, indígena, campesina, afrocolombiana, cuyo objetivo es proporcionar herramientas que permitan, por ejemplo, resolver conflictos o formular y llevar a cabo proyectos de negocios para que ellos sean autónomos en el tiempo. En este momento tenemos procesos formativos con comunidades indígenas y campesinas del Guaviare, que están en conflicto entre sí, y con comunidades afrocolombianas campesinas del Norte del Cauca.

¿Cuál puede ser el interés de la Universidad en impulsar actividades que propician el bienestar de las comunidades locales?

La Universidad trabaja con las comunidades porque eso forma parte de la misión de la Universidad. Lo que hacemos con las comunidades es expresión directa de lo que la Universidad se ha propuesto en su misión. La Universidad entiende que como parte de su naturaleza su misión es no solo formar profesionales, sino formarlos para que puedan responder a las necesidades del mundo en que viven. Pero hay que tener presente que la Universidad no es una ONG o un instituto de atención social, y que por lo tanto no puede perder su naturaleza. Yo creo que esta es una discusión sumamente importante. En las tareas que la Universidad hace con las comunidades nosotros estamos formando estudiantes y haciendo investigación, investigación aplicada, y eso es fundamental. A veces el reclamo que nos hacen es que uno no hace lo suficiente. Pero lo suficiente hay que juzgarlo en términos de la naturaleza de una institución como la nuestra. Nosotros no tenemos una dependencia dedicada a atender asuntos sociales y otra diferente dedicada a atender asuntos formativos. Eso sería un absurdo. La relación con la comunidad debe estar dentro del proceso formativo de la Universidad. Lo que hacemos no lo hacemos porque tengamos un cargo de conciencia. Eso no es y no lo ha sido. Pero ese reclamo nos sirve para explorar las posibilidades reales de la institución y sus prioridades. La prioridad de la Universidad es formar personas y hacer que el conocimiento avance en esas áreas que la Universidad tiene. Y es desde ahí que la Universidad entiende que no puede estar aislada del medio en el que está y que por lo tanto debe vincularse con las comunidades.

Dentro del marco de la innovación social, lo importante para nosotros es generar acciones que puedan contribuir a la formación de políticas públicas. De qué manera un profesor puede generar políticas públicas y hasta dónde ese profesor puede llegar es algo que en la Universidad está en permanente diálogo. Otros asuntos que están en permanente debate son, por ejemplo, cuánto tiempo puede un profesor dedicarle al trabajo con la comunidad, cuando ese profesor tiene que dar clases y dirigir tesis, por ejemplo, y cuánto del presupuesto puede la Universidad asignar para este fin. Lo importante en esto es entender, y yo creo que en eso hemos ido ganando mucho espacio, que las actividades que un estudiante desarrolla en un proyecto comunitario forman parte de su formación. Una vez que esto es entendido entonces desaparecen unas preocupaciones que serían preocupaciones si el trabajo con la comunidad y el trabajo de formación fuesen considerados como actividades separadas. Darse cuenta de esto ha sido importante para poner en claro cuáles son los mecanismos disponibles para la Universidad y sus prioridades.

¿Son excluyentes para la Universidad el objetivo de alcanzar un estatus global y el de servir a la comunidad local?

Yo creo que de ahí vienen las presiones, y entiendo que esas presiones recaen sobre el rector y los vicerrectores, quienes son los encargados de cuidar esos dos frentes. La respuesta a esa disyuntiva se encuentra en la misión de la Universidad. Yo creo que la Universidad no tiene como misión ser una de las mejores universidades del mundo. Eso da tranquilidad. Eso no quiere decir que nosotros estaríamos tranquilos si la Universidad fuese una de las peores; que no lo es, porque el contexto así nos lo dice. No creas, esa tensión la vivimos todos los días. Las presiones surgen de todos lados sobre todo cuando se discuten los presupuestos o cuando llegan los ranking. Las preocupaciones surgen porque esta es una universidad privada que a la final depende de los dineros pagados por los estudiantes por concepto de matrícula. Que la Universidad sea reconocida como una universidad de clase mundial importa, e importa mucho. Pero las preocupaciones también surgen porque esta universidad tiene una clara conciencia de su trabajo comunitario. Para nosotros si esta universidad es de clase mundial lo es no solo porque tiene tres centros de investigación que generan patentes o productos nuevos, sino también porque trabaja con la comunidad local y forma a personas para que sean útiles a esa comunidad. No hay que desligar lo uno de lo otro. Las tensiones son permanentes, pero yo creo que esas tensiones se resuelven si uno está claro sobre cuál es su lugar en el mundo. Nuestro interés no es ser la primera universidad del mundo, sino hacer lo que tenemos que hacer y hacerlo bien, y que el reconocimiento salga de ahí.

No hay que crear un falso dilema de que es lo uno o lo otro, porque son lo mismo. Y tú tienes que desarrollar estrategias acordes con este sentido. Entonces, no se trata de que tengamos 25 o 30 publicaciones en revistas indexadas en Scopus, sino que el contenido de esas publicaciones tengan que ver con problemas nuestros. Es a partir de allí que el dilema deja de serlo. Tu puedes seguir produciendo literatura investigativa que es válida en cualquier comunidad internacional, pero cuyos temas son los que interesan. En este momento, por ejemplo, nosotros tenemos algunas publicaciones hechas junto con la comunidad, escritas con ellos, que son de gran calidad editorial. Estas publicaciones quizás no aparezcan en grandes revistas, pero eso no nos interesa. Lo que a nosotros nos interesa es que lo que nosotros hacemos realmente le sirva a la comunidad. No hay que caer en el juego de que es lo uno o lo otro.

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Ruth Pàez G.
02/07/2017
Considero que lo mencionado por el Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, Germàn Mejìa, coincide con la realidad de la Universidad Central del Ecuador de manera particular con la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. Nos encontramos actualmente desarrollando procesos de innovación en docencia, investigación y vinculación con la sociedad y los mismos se planifican atendiendo al contexto y de acuerdo a los requerimientos de la modernidad y la complejidad en la que nos desenvolvemos en el tercer milenio. Felicitaciones por compartir interesantes entrevistas. Ruth Pàez G.

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